La importancia de la palabra “Sacrificio”
Filosóficamente hablando, las
palabras definen los objetos, las cosas. Hoy en día no se da importancia a las
palabras. Lo que hoy una palabra significa, mañana puede, para el hombre
actual, significar otra cosa.
En el caso de la Misa, es también
importantísimo darnos cuenta que las palabras van más allá de lo que en
apariencia significan. Así definir la Misa como Eucaristía es limitar el
significado y trascendencia de lo que en realidad sucede en el altar. Y sustituyendo
el sentido de Sacrificio por el de Eucaristía, nos quitan poco a poco el
sentido del valor del Sacrificio de Nuestro Señor Jesucristo. No se duda de que
Cristo se haga presente en la Hostia, mas ya no se nos habla del valor
propiciatorio, latréutico, expiatorio e impetratorio del sacrificio que Cristo realiza
en la Misa
1. Si ya no hay sacrificio de la misa, tampoco hay espíritu de sacrificio
El catolicismo
está fundado esencialmente sobre la Cruz. Si ya no existe la noción del
sacrificio de la Cruz, del sacrificio de la misa que continúa el sacrificio de
la Cruz, ya no se es católico. En esta fe, en la Cruz de Jesús y en su Corazón
abierto, es donde hallamos la fuente de las gracias. Al contemplar su cabeza
coronada de espinas y sus manos atravesadas, hallamos todas las gracias de
resurrección y de redención que necesitamos. Si se suprime el sacrificio de
Nuestro Señor Jesucristo en nuestros altares sólo queda una eucaristía, es
decir, una comida compartida, una comunión. Ese ya no es el espíritu de la
Iglesia católica que está esencialmente fundada sobre la Cruz y sobre el
espíritu de sacrificio.
Hay que
reconocer que por no hablar ni definir la Santa Misa como Sacrificio, está
desapareciendo el espíritu de sacrificio. Ya nadie quiere mortificarse, sino
gozar y aprovechar la vida, aún entre católicos. ¿Por qué? Porque ya no está la
Cruz de Nuestro Señor Jesucristo. Y si ya no hay Cruz, ya no hay Iglesia
católica. Es asunto de una gravedad considerable.
2. Sin espíritu de sacrificio, queda afectada toda la vida de familia
Por el hecho de
que desde hace años ya no se habla del sacrificio de la misa, desaparece el
espíritu de sacrificio y ya nadie lo entiende.
“¡Somos libres!
¡La vida está hecha para gozar de los bienes y de las diversiones! Todo el mundo
debiera tener igual cantidad de bienes, de placeres y de oportunidades de
gozar”.
De este modo,
se elimina la noción del sacrificio. ¿Por qué ya no duran los matrimonios?
“¿Para qué sacrificarse? Si ya no se entienden, ¡que se separen! Los hijos son una
carga… “Ya nadie se va a sacrificar por ellos y por lo tanto ya no los van a
tener, o se mata a los pobres niños inocentes por medio del aborto. Ese es el
mundo moderno: “¡Afuera el sacrificio!”
3. ¿Por qué la Iglesia ha pedido siempre el desprecio de las cosas de este
mundo?
En nuestras
oraciones ha desaparecido todo lo que concreta el espíritu de desprendimiento
de las cosas de este mundo: “Que aprendamos a despreciar las cosas de la tierra
y a amar las del Cielo”, porque desde hace algún tiempo ya no hay que
despreciar las cosas de la tierra. Ahora hay que tener estima por las cosas de
este mundo y por los bienes materiales. ¡Es inadmisible tener desprecio por las
cosas de este mundo! Evidentemente, es inadmisible si no se reconoce que las
cosas de este mundo son una ocasión de pecado.
Las cosas no
son despreciables en sí mismas, pero para nosotros son una ocasión de pecado.
Como la riqueza y el placer nos hacen caer en el pecado, tenemos que
desprendernos de ellos. Por desgracia, todas las cosas de la tierra, a causa de
la malicia que hay en nosotros, nos atraen al pecado. De ahí la necesidad de la
ascesis espiritual. Por eso, ¿en qué consiste la nueva ascesis?
Dios mismo nos
ha pedido que usemos los bienes de este mundo para cumplir nuestro deber de
estado. Por consiguiente, está claro que tenemos que usarlos. Pero el desorden
introducido en nosotros con el pecado original hace que busquemos esos bienes
de un modo desordenado y excesivo, cosa que nos lleva a alejarnos de la oración
y de Dios. ¿Qué es, en efecto, la oración sino la elevación de nuestras almas a
Dios? Mucha gente ya no eleva su alma hacia Él porque está completamente
ocupada con las cosas de este mundo. Ya no reza y ya no viene a asociarse a la
oración de Nuestro Señor que es el santo sacrificio de la misa y termina
desertando de las iglesias porque está llena del espíritu del mundo.
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