¿Te encuentras realmente convertido?
San Francisco de Asís
es el prototipo del convertido. “Aprovechó” la primera parte de su vida, como
se nos diría ahora. Fiestas, alcohol, vida repleta (por lo que el dinero te
procura) y fácil. ¿Por qué no? Pero he aquí que el Señor le estaba esperando por
medio de una serie de sacrificios... Un día se fue a caballo y se encontró con
un leproso. Mejor que taparse la nariz, como tenía la costumbre, abrazó y besó
al leproso, dándole además una gran limosna.
El Señor recompensó su
sacrificio mostrándole la vanidad de la vida y le encaminó hacia una vida más perfecta
y santa. Un día entró en una iglesia y escuchó el Evangelio: “proclamar el
Reino de Dios,.. No llevéis ni oro ni plata...” Entonces decidió seguir a Cristo imitándole en llevar
una vida de pobreza perfecta. Habiendo tomado esta elección tan radical del
sacrificio de la pobreza, obtuvo del Señor, un extraordinario sentimiento de su
Amor. Un gozo y alegría que irradiaba a su alrededor.
No fue solamente fue gozar
de su amor y de una alegría incontenible en su corazón. Dios le hizo el don de
imprimir en su carne, las marcas de la pasión de Cristo, en aquel que quiso
imitarlo en esta vida de una manera tan perfecta.
Recuerda esto: ¡al
Señor nunca se le vence en generosidad! Un simple sacrificio nuestro aquí
abajo, ya es una increíble recompensa que viene del Cielo. ¡Si supiéramos abrir
más a menudo nuestros corazones!
PROPÓSITO DEL DÍA
A nuestro alrededor y cotidianamente
topamos con personas afligidas o pobres. No nos hagamos los desentendidos…
"Hazme
instrumento de tu paz"
Señor, haz de mi un
instrumento de tu paz.
Que allá donde hay odio, yo ponga el amor.
Que allá donde hay ofensa, yo ponga el perdón.
Que allá donde hay discordia, yo ponga la unión.
Que allá donde hay error, yo ponga la verdad.
Que allá donde hay duda, yo ponga la Fe.
Que allá donde desesperación, yo ponga la esperanza.
Que allá donde hay tinieblas, yo ponga la luz.
Que allá donde hay tristeza, yo ponga la alegría.
Oh Señor, que yo no busque tanto ser consolado, cuanto consolar,
ser comprendido, cuanto comprender,
ser amado, cuanto amar.
Porque es dándose como se recibe,
es olvidándose de sí mismo como uno se encuentra a sí mismo,
es perdonando, como se es perdonado,
es muriendo como se resucita a la vida eterna.
Que allá donde hay odio, yo ponga el amor.
Que allá donde hay ofensa, yo ponga el perdón.
Que allá donde hay discordia, yo ponga la unión.
Que allá donde hay error, yo ponga la verdad.
Que allá donde hay duda, yo ponga la Fe.
Que allá donde desesperación, yo ponga la esperanza.
Que allá donde hay tinieblas, yo ponga la luz.
Que allá donde hay tristeza, yo ponga la alegría.
Oh Señor, que yo no busque tanto ser consolado, cuanto consolar,
ser comprendido, cuanto comprender,
ser amado, cuanto amar.
Porque es dándose como se recibe,
es olvidándose de sí mismo como uno se encuentra a sí mismo,
es perdonando, como se es perdonado,
es muriendo como se resucita a la vida eterna.
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