4 DE ENERO. EFECTOS SALUDABLES QUE OBRA EL NACIMIENTO DEL SALVADOR

 Santa María Magdalena de Pacis ordenó que dos de sus religiosas en las fiestas de Navidad permanecieran junto al Niño divino y que, como los animales del establo, calentaran al divino Niño aterido de frío. Aquellas religiosas cumplieron lo ordenado, empleándose en vivas alabanzas, acciones de gracias, suspiros de amor y demás actos de una fervorosa ORACIÓN. -¿No es quizá también la oración con lo que mejor podemos demostrar a Jesús nuestro inmenso agradecimiento por todos sus beneficios?

Efectivamente, la mejor manera de demostrar a Jesús nuestra gratitud es respondiendo pronta y obedientemente a todas sus disposiciones sobre nosotros. Al darnos LA FE, levanta nuestro espíritu y le hace participar de la divina Sabiduría. Pues bien, no olvidemos que la luz de los misterios más recónditos la obtenemos principalmente por medio de la oración. -El Verbo encarnado nos trae por añadidura el don de la GRACIA que santificará nuestra alma y dará a nuestra voluntad aborrecimiento para el mal y amor al bien, infundiéndonos los mismo sentimientos de su Corazón sagrado. Y ¿no es acaso también con la oración como disponemos nuestras almas para recibir estos dones y santas disposiciones que nos harán mejorar de día en día? Sometámonos a la Iglesia, nuestra Madre. En la oración también recibiremos la comprensión de su doctrina, los méritos de su sacrifico, los bienes inestimables en crecientes oleadas de los sacramentos.

Esta es, oh Jesús, la mejor manera de darte gracias por tus inefables dones, usando de ellos y ajustando nuestra conducta a tus preceptos. Inspírame la RESOLUCIÓN: 

1º De obrar siempre según la fe, no dando crédito al mundo ni a su máximas. 

2º De obedecer fielmente a todas tus santas inspiraciones para ir acreciendo en mí de día en día la gracia habitual.

 3º De unirme a ti cada día más estrechamente por medio de los sacramentos de Penitencia y Comunión. 

Todas estas santas resoluciones no podría ponerlas en práctica, si tú no me ayudaras con tu auxilio. También te ruego con toda mi alma me concedas verdadero ESPÍRITU DE ORACIÓN, o sea, facilidad para poner en ti mi pensamiento, vivir bajo tu divina mirada, meditar las verdades eternas y colocarme bajo tu especial protección y la de tu Santa Madre, para obrar en todo conforme a tu divino beneplácito.

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