1. La Iglesia nos invita hoy: “Venid, hijo, escuchadme: os voy a enseñar el temor de Dios. Acercaos a Él y seréis iluminados, y vuestras caras no serán confundidas” (Gradual). Ésta es la respuesta, por decirlo así, que da la Iglesia, la Madre, a aquellas palabras de la Epístola: “Habiendo sido libertados del pecado, os habéis convertido en siervos de Dios.” Vivid, pues, para Él, servidle con la fidelidad del esclavo, pero, al mismo tiempo, con el espíritu de un hijo, que se cree feliz de poder vivir para el Padre. 2. “Habéis sido convertidos en siervos de Dios.” Siervos de Dios y, por lo tanto, propiedad total, absolutamente suya. Todo nuestro ser, todos nuestros pensamientos, todos nuestros deseos y todas nuestras obras pertenecen a Dios, tienen que pertenecer a Dios, solo pueden pertenecer a Dios. Así se lo prometimos solemnemente el día de nuestro santo Bautismo: “Creo en Dios.” Es decir: creo que yo y toda...
Esta potestad admirable, que el Salvador recibió de su eterno Padre, quiso comunicarla a su Iglesia, a quien encargó que fuera y ENSEÑARA a todas las naciones y predicara su doctrina hasta los últimos confines de la tierra. Desde entonces la Iglesia tiene el derecho y el deber de implantarse en todas partes, de dar leyes a príncipes y pueblos y de enseñarles a conocer, amar y a hacerles temer la cólera divina y los castigos eternos si se niegan a obedecerle; y a prometerles sus divinas misericordias y bienaventuranza sin fin si se someten al yugo del Redentor. Con cuánta solicitud la Iglesia, Esposa inmaculada de Jesús, defiende el honor de su celestial Esposo al alejar de su doctrina todo error y evitar que se altere su moral pura y santa. Está revestida por Dios de una fuerza invencible, pues fue colocada sobre la tierra como muralla de acero inexpugnable, que jamás cede ante los embates de los enemigos del Señor. Hemos visto, en efecto, a los MÁRTIRES, hijos de la Iglesia triunfar...
Jesús decía a los que se creían justos y despreciaban a otros... En el Evangelio de hoy nuestro Señor presenta dos caracteres: la observación estricta de la ley por parte del fariseo y del publicano pecador público y, contra todo pronóstico, es el publicano a quien Jesús alaba. Estas palabras debieron golpear fuerte a aquellos corazones, cuando fueron pronunciadas... Los Santos, en su sabiduría, conocían bien que el juicio de Dios no era como el de los hombres, y temían... Así Santa Teresa del niño Jesús sentía preocupación por las pobres y pequeñas acciones diarias de su vida Carmelitana, y fue necesaria la intervención de la Beata Ana de Jesús, durante su sueño para tranquilizarla: sí ¡ Dios está muy contenta con tus sacrificios ! El Santo Cura de ARS quería abandonar la parroquia. Podía ver perfectamente el bien que estaba allí realizándose y escuchaba los elogios de la gente piadosa; pero él no tenía nin...
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